La extrema y violenta vida sexual de las arañas

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Como si las arañas no fueran lo suficientemente aterradoras, ahora nos enteramos de los tenebrosos detalles de su vida amorosa. Ya sabíamos que muchas hembras practican el canibalismo sexual, la práctica de comerse a su pareja luego de la copulación e, incluso, varias lo hacen antes de siqiuera poder consumar la cuestión.

Sin embargo, esto parecería ser solo la punta del iceberg en lo que refiere a laparticular vida sexual de las arañas: algunas prácticas resultan aún más perturbadoras.

Si no es conmigo, con nadie más

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¡Quién lo hubiera imaginado! Parece que las arañas son bastante celosas, en particular los machos, que están dispuestos a todo por asegurar su paternidad. Algunos tipos de arañas, por ejemplo, llegan al extremo de autocastrarse.

Así como lo lees, algunas arañas se desprenden de su miembro reproductivodurante la copulación. Lo interesante es que, una vez alojado en la araña hembra, sigue expulsando semen, por lo que puede inseminarla «a distancia». Nada más moderno que la inseminación inalámbrica.

Pero eso no es todo, con esta movida bastante peculiar, también se aseguran de que ningún otro macho pueda copular con la araña. Para el macho, es una situación positiva por donde la mires… Salvo por lo de la castración.

Celos extremos

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Otras especies de arañas, sin embargo, solucionaron ese detalle de la castración. ¿Por qué castrarse a uno mismo si se pueden obtener los mismos resultados castrando a la compañera? Romántico, lo sé.

La competencia entre las arañas macho por inseminar a las hembras es tal, que estos aterradores animalitos han desarrollado una variedad de formas de impedir que otros lleguen antes que ellos. Algunos simplemente vigilan a la hembra ferozmente para asegurarse de que nadie más la alcance, otros les transfieren sustancias que la hacen menos atractiva para sus competidores. Como vimos, otras especies llegan a la extrema medida de autocastrarse y, también, existen aquellas que mutilan a la hembra para impedir que vuelvan a reproducirse.

Después de todas esas posibilidades, no debería resultar tan sorprendente que la mayoría de las arañas hembras intenten comerse al macho. ¿Quién puede culparlas?

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