Afrodisíacos: ¿una realidad o una sugestión propia de la ansiedad sexual?

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El afrodisíaco más surtidor no lo son los mariscos sino el amor, afirma el cantautor guatemalteco Ricardo Arjona en uno de sus temas

En la búsqueda de un mayor disfrute sexual las nuevas generaciones también acuden a los poderes afrodisíacos de algunas comidas, esencias y aromas aunque la ciencia pone en duda sus verdaderos efectos

Buscar el placer mutuo y deslumbrar el apetito sexual son deseos de muchas parejas en cada encuentro amoroso. En ese afán de avivar la libido, actualmente muchos jóvenes acuden a las comidas afrodisíacas como símbolo del éxtasis, aunque su tradición, origen y variantes, ya sea historia de otros siglos.

Bebidas y recetas exóticas, esencias, y aromas, han hecho volar la imaginación del hombre y la mujer —no importa la inclinación sexual—, con el propósito de disfrutar e incrementar sus relaciones íntimas.

Sin embargo, en las últimas décadas su utilización ha despertado tanto interés que ha hecho aflorar la interrogante sobre la efectividad de los afrodisíacos como una realidad o como una sugestión propia de la ansiedad sexual de cada individuo, ante los estímulos de una velada romántica y los atributos energéticos de algunos manjares.

El término afrodisíaco, según los especialistas, define a todo estimulante del apetito sexual que provoque un aumento del deseo y el desempeño íntimo, que sea seguro y desprovisto de efectos colaterales.

Frutas, pociones, guisados, postres y otras tantas variedades de alimentos sirven de pretexto como preludio de una «buena noche», muy relacionada al cortejo, el uso de fragancias, el aspecto físico, la manera de hablar, de mirar, de relacionarnos, todos comportamientos que facilitan la atracción.

Durante los últimos años, lectores de Sexo Sentido escriben con la interrogante de si surten efecto, o no, los tan nombrados afrodisíacos, y por ende en busca de recetas o estrategias de seducción.

Este mito «seductor» de algunos alimentos se ha enraizado también en la población cubana, y es frecuente escuchar sobre los supuestos poderes del ajo, la cebolla, el pimiento, el chocolate, la miel, la canela, el jengibre, los vinos, los mariscos, los huevos de codorniz, y hasta el guarapo.

Pero los estudios demuestran que la mayoría de los alimentos con atribuciones eróticas no tienen más que propiedades energizantes, activan la circulación y facilitan la llegada de los flujos sanguíneos a los genitales o elevan el ritmo cardiaco; reacciones fisiológicas que permiten un buen desempeño sexual, tras ese ambiente atractivo que se genera en una cena romántica.

O sea, la mente, la inteligencia humana sigue jugando ese papel esencial al servicio de la seducción, o como aliada para nuestra predisposición al acto sexual, incluso cuando se trata de una disfunción sexual de tipo sicológica o que presenta componentes asociados al trastorno biológico.

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La palabra afrodisíaco se deriva del nombre de la diosa griega Afrodita, relacionada con el amor, la fecundidad y la energía primaveral. Una de las primeras menciones que se registra sobre los afrodisíacos proviene de los papiros médicos egipcios, que se especula daten de los años 2200 y 1700 antes de nuestra era.

Por otra parte, se dice que los europeos descubrieron este tipo de comida en la Edad Media y le incorporaron especias como pimienta, nuez moscada, jengibre, menta, sustancias que los caballeros cruzados habían probado en lejanos países, sobre todo en el Oriente.

También en el Kamasutra, el emblemático texto amoroso hindú, se indican muchas maneras para que el hombre incremente su vigor sexual con alimentos como la leche y la miel, que siempre han sido reconocidos como fuente de energía.

Y por supuesto, el chocolate que no deja de levantar ese telón de lo exquisitamente afrodisíaco. Convertido en una delicia universal y llamado por los Olmecas —cultura que se desarrolló siglos pasados en Mesoamérica, en la región costera del golfo de México— como el «Regalo de los dioses», es también símbolo, detalle y regalo como muestra de amor y de amistad.

Sus potencialidades tienen un punto emblemático en Giovanni Giácomo Casanova, uno de los amantes más famosos de la historia universal, de quien se ha descubierto que su potencialidad puede haber estado centrada en los hábitos alimenticios, con la ingesta de grandes cantidades de chocolate.

Este alimento, que se prepara en el mundo sobre la base del cacao, es un fuerte estimulante, capaz de activar, con su sabor, puntos sensitivos del ser humano, y crear una sensación de placer, que puede ser muy bien aprovechada en una velada romántica.

Las bebidas también son un incitante por excelencia, pues actúan como dilatador y desinhiben la expresión verbal y corporal, aligeran la fantasía y la percepción.

Sin embargo, en exceso revierten el proceso e inhiben, a nivel psicológico y físico, cualquier expresión de la respuesta sexual.

De hecho, los alimentos afrodisíacos mezclados con sustancias no confiables para el organismo, pueden tener efectos secundarios para quien los ingiere. Se han detectado inflamaciones, alergias, infartos del miocardio, tras un aumento anormal o disminución de la presión arterial, entre otros.

Buscar el sabor del placer

Mucho se ha investigado en las últimas décadas sobre los afrodisíacos. Los especialistas concluyen que no hay una relación biológica directa entre la excitación sexual y la ingestión de ciertos manjares, sino que existen comidas con niveles calóricos y energéticos elevados, que no sirven de nada si no están acompañadas de los requisitos básicos que complementan una relación sexual.

Hasta el momento, los únicos afrodisíacos respaldados por investigaciones científicas son los producidos por el cuerpo humano: las feromonas, existentes también en diversas especies animales. Estas pueden ser potentes «imanes» que desencadenan la atracción sexual, a «primera vista» entre sujetos de la misma especie.

Algunos alimentos poseen formas representativas que nos recuerdan a los órganos genitales, o que se pueden comer de una forma erótica y sensual y despertar la libido. Por ejemplo, los espárragos y los plátanos, que tienen forma fálica.

Los terapeutas sexuales señalan que a los afrodisíacos no se les debe sobredimensionar.

Más allá de un aroma o una comida sugestiva, no se debe pensar en ellos como único detonante para activar el desempeño sexual, pues la atracción entre las personas está determinada por factores biológicos pero también espirituales que no pueden suplirse con un «buen plato» o un aroma diferente.

A ese platillo que se ha preparado de manera «exótica», se le añaden otros elementos no palpables, pero que en el subconsciente disparan la respuesta sexual de la pareja. La ambientación, los olores, la música son factores que alimentan la imaginación para el encuentro íntimo.

La pareja debe tener claro que el amor y el erotismo no son ingredientes que se puedan cocinar a través de remedios o pócimas fantásticas, sino que se cultivan a través de la fantasía, la creatividad, el cariño y la pasión de los enamorados en un ambiente propicio para el placer y la entrega sexual.

Escrito de Mayte María Jiménez

(http://www.juventudrebelde.cu)

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