Falsas señales

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Para los hombres, acostumbrados a una pauta de relación social con el sexo opuesto, algunos comportamientos femeninos que transgreden ligeramente esa línea imaginaria llevan a interpretar que existe más interés que una simple amistad.

Esas “falsas señales” suelen llevar a situaciones incómodas, que generalmente desembocan en que cada parte tome caminos contrarios por la equivocación.

La sicología masculina del coqueteo es diferente a la de las féminas. Está condicionada por una experiencia genética transmitida de generación en generación y que conforma unas fronteras definidas por la cultura de cada sitio y cada nación.

Esta “aparente” atracción simplemente parece lo que no es. Lo que para unas pudiera constituir “lo más normal del mundo”; para otros es una muestra evidente de atracción.

¿Pero, cómo estar advertidos? ¿Qué comportamiento genera equivocaciones y cuál no?

Problemas amorosos
Las conversaciones de pareja suelen ser comunes entre las mujeres y mucho más escasas entre los hombres. Las alarmas parecen saltar cuando ella se interesa por la marcha de la relación que él lleva.

Los hombres rara vez compartimos nuestras situaciones íntimas. Este tipo de conversaciones las tenemos con aquellos a quienes queremos acercarnos y “tener algo”. De ahí que cuando una mujer se interesa por la vida amorosa de un hombre, no sea raro que este piense que ella está interesada en algo más que una plática.

Lo mismo ocurre cuando nos habla de problemas con su pareja; cuando cuenta de la última pelea, o la separación inminente, nos lleva a creer que nos está audicionando para ese papel, o al menos como una vía de escape a sus
dificultades amorosas. Nada más lejos. Muchos nos hemos equivocado con tan “evidentes” señales y hemos acabado abochornados por, según ellas, tan “evidente” mal entendido.

¡Qué bien te ves!
Los halagos pueden disparar la imaginación masculina hasta confines inimaginables. Una sencillez como “¡qué bien te queda esa camisa!”, pueden hacer que creamos en una muestra de interés, una propuesta de acercamiento.

El hombre no está acostumbrado al agasajo. El elogio sobrevuela con mucha facilidad el campo femenino. Dos enemigas irreconciliables pueden tener un segundo de paz celebrando una blusa o un par de zapatos. Nosotros carecemos de esta exaltación estética de unos con otros.

El hombre promedio no repara en la ropa que viste, básicamente usa una fórmula que mezcla comodidad con un mínimo de verse bien para el uso cotidiano. Solo se esmera a la hora de tener una cita importante, para dar una buena primera impresión, pero de ahí no pasa.

Por eso, cuando una mujer celebra nuestra vestimenta, creemos que no se refiere a las prendas, sino a la persona. El ego se dispara y nos hace creer lo impresionantes e irresistibles que somos. Un error bastante común.

Demasiado amigable
Mucha líbido se dispara cuando una mujer comparte nuestras bromas. “Si se ríe de cuanta payasada hagas, es porque está muerta contigo”, reza el manual del flirteo popular.

Así que si a ella le da gracia y, para colmo, pone su mano sobre tu brazo y se inclina hacia ti, dalo por hecho: es ciento por ciento seguro. Ya tienes el pájaro en la mano o la liebre en la cama. Da igual como quieras llamarlo. O más bien, da igual como quieras equivocarte.

La mayoría de las bromas que hacen las mujeres no conllevan una segunda intención. Sin embargo, suelen elevar a pico nuestra carga de testosterona y, en consecuencia, maquinar truculentas interpretaciones de atracción irresistible.

La delgada línea
Quien crea que los límites del coqueteo y el interés están claramente delimitados, se equivoca. No hay una frontera que diga hasta dónde es interés y hasta dónde mera sociabilidad.

Las señales mal interpretadas pueden generar situaciones incómodas, demasiada cercanía puede acarrear estos desenlaces.

La manera más fácil es alejarse y tratar de pensar fríamente si realmente hay atracción o no.

De cualquier manera, quien no se arriesga se priva de muchos momentos interesantes en la vida. La existencia no está exenta de equivocaciones. Aprender de estas es la fórmula necesaria para no repetir el mismo error… aunque ¿quién sabe? El hombre es el único animal capaz  de tropezar dos veces con la misma piedra.

Con Información de    SEXUALIDAD Y SALUD

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