Los vellos que le sobran a la belleza

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Depilación
(Foto tomada de Internet)
Liena María Nieves
Visto: 2008
06 Noviembre 2017

Con 11 años ciertas cosas no se comprenden o, en todo caso, no se interpretan al pie de la letra. El asunto es que una gran amiga de mi familia estaba por mudarse definitivamente al extranjero, y lo que más repetía era su sueño de tener suficiente plata para «una sesión completa de láser que no le dejara un pelo en todo el cuerpo». Del car…, pensaba yo, pues mi suposición incluía al cabello, las cejas y las pestañas como potenciales «derribados» por una terapia que me sonaba más a ficción que a deseo lógico para cualquier mujer.

Y pasó el tiempo y pasó, y un día llegó la carta. Nada de saludos ni de preguntar por mí: «Ay Juany, si me ves: ni un solo pelito. Se acabaron los cerquillos en los muslos y el agua oxigenada para el bozo. ¡Hasta me pongo bikinis sin tener que “podarme”! Mi amiga, soy una mujer nueva». El sobre incluía una foto en la que, efectivamente, se le veía radiante y, además, con la mejor melena que le conocí en su vida. Mi mamá reía por lo bajo. Yo, confundida a más no dar. «¿Tiene pelo o no? ¿Cuál se quitó? ¿Qué tiene que ver…? Aaaahhhhh».

Entraba entonces en mis 13 con la firme suposición de que lo que no es bueno en el primer mundo, mucho menos aplica para el tercero. Recuerdo, incluso, que dedicamos varias jornadas de la «Casa de estudios» — ¡qué pillos nos sentíamos entonces!— a discutir sobre el tema. Todos tenían una hermana mayor, o una tía moderna, o un amigo deportista que se deshizo del vello prescindible, ubicado, invariablemente, en la zona púbica.

Para colmo, las evidencias explícitas de la pubertad implican muy poco de estimable, dado que lo que sobra en esos años es el acné y el hambre de aceptación. Y así, discretos y desinhibidos se lanzaron, por igual, al plan de «aniñarse» en nombre de una tendencia expansiva, aunque en ese momento no pudiésemos suponer que había llegado para echar raíces. Lampiños del mundo, ¡uníos!

Sin embargo, el vuelo del asunto supera las posibilidades reales de un país subdesarrollado. Los productos empleados en las depilaciones —ya sean de cuerpo entero o localizadas en zonas específicas— resultan cualquier cosa menos baratos, e incluso, quien los pudiese pagar, tampoco tiene acceso a salones idóneos con personal especializado.

Damarys Ríos y su esposo, espirituanos y padres de dos hijas, ya pasaron por la primera sesión. En este caso, los más arrasados resultaron sus bolsillos.

«Tenemos familia en La Habana y allá sí hay algunos salones particulares, con todas los requerimientos de climatización, instrumental, especialistas y productos para realizar este proceso. De hecho, en su catálogo muestran varias opciones: depilación con cera, con crema, por micro abrasión. Cuando la niña mayor cumplió los 15 nos dijo que el regalo que quería era realizarse la depilación completa, para no tener que estarse preocupando por el afeitado de las piernas, etc., y la más chiquita, que ya tiene 14, también pidió lo mismo.

«Los tiempos cambian y la juventud piensa diferente. Además, si en el mundo desarrollado se lo hacen casi todos, es señal de que los riesgos son mínimos. En mi época y en la de mi madre se vivía la teoría de que la abundancia de vello era el sinónimo de la fertilidad y la madurez sexual, y ahora ni las hembras ni los varones quieren saber de eso».

Aleidmy Suárez es de los que multarían a los que aún mantienen un estilo «crudo».

«Fíjese en las obras clásicas de las artes plásticas, y verá que los pintores y escultores prácticamente anulaban el vello púbico. Si no es ni estético ni higiénico, no debería mantenerse, pero esa decisión pasa por muchos filtros, como el cultural y el familiar. Yo no critico a nadie porque cada cual hace con su vida lo que le plazca, pero si puedo decidir, elegiría a una mujer que, como yo, se rasure completamente, y de no ser así, trataría de hacerle comprender las ventajas de hacerlo».

O sea, que estarías dispuesto a presionar a tu pareja para que se ajuste a tu ideal de belleza.

No le llamaría presión al intento de ayudar a alguien a verse más sexi, ya que no todos los hombres son comunicativos ni expresan con sinceridad lo que sienten. Tanto el vello púbico en los dos sexos, como los varones con las piernas, el pecho y la espalda llenos de pelo, nos acercan a un estado primitivo que, a estas alturas de la civilización, no tienen por qué conservarse. A mí, sinceramente, me resulta repulsivo.

Háblame de «pelos» y te diré cómo eres

En este punto de la lectura, muchos pensarán que alguien se propuso prenderle fuego a cada «monte de Venus» del mundo. Sex appeal y erotismo apartes, lo cierto es que el rasurado o depilación constituyen alternativas cada vez más normalizadas y reproducidas entre los jóvenes, cuya principal ansiedad al respecto se limita a asegurarse una buena crema depiladora, cera o máquina de afeitar.

Abundan las barbas, aunque los pechos semejen piezas de piedra lisa, y nosotras ni siquiera nos permitimos que la pelusilla sobre los brazos delate un «clasicismo» no siempre bien mirado. Los menos radicales se inclinan por recortar el vello sobresaliente, pero la tendencia apunta a que serán inflexibles en lo concerniente al pubis: cero, nada, limpios y planos como recién nacidos.

Depilación
(Foto tomada de Internet)

Sin embargo, la eliminación total del vello implica que vulneremos, peligrosamente, una de las zonas más sensibles del cuerpo. El pelo no crece en dicha área por puro azar: la protección contra microorganismos bacterianos—al actuar como barrera natural—, el mantenimiento del Ph adecuado de la piel y la regulación de la temperatura de los órganos genitales, conforman algunas de las funciones básicas que quedan anuladas tras el afeitado. Por tanto, las infecciones cutáneas no resultan excepciones, sino efectos directos de las pequeñas heridas que abren las puertas de nuestro cuerpo a toda clase de organismos invasores.

De hecho, la fricción continua durante el coito resulta más arriesgada  para quienes se rasuran, pues los llamados «cañones» pueden lacerar la piel del otro, exponiéndolo al contagio a través de partículas de sangre y/o líquido seminal. Es decir, ni siquiera el condón garantiza al 100% la protección contra las ITS (Infecciones de Transmisión Sexual), dado que, tanto el afeitado como la depilación, dilatan los poros pubianos. Por supuesto, con la higiene y el cuidado necesarios, las amenazas disminuyen.

Maura Peña, por ejemplo, se rasura desde los 16, cuando tuvo su primera relación sexual. En 12 años no ha sufrido ningún contratiempo por esta razón, «porque como mismo me preocupo por buscar el champú idóneo, intento tener a mano los productos que necesito para mantener mi salud genital. Me afeito por un interés estético y erótico, y para ello compro la máquina Gillette Venus, que es específica para mujeres. Es verdad que cuesta más cara y que la encuentras solo a veces y en la candonga, pero te aseguro que ni hiere ni irrita la piel.

«Lo que sucede es que muchas personas quieren afeitarse el vello púbico sin asumir la responsabilidad necesaria, y por eso escuchas disparates del tipo de que usan yodo povidona o metronidazol mezclado con limón para secar un folículo inflamado. Con los adolescentes el problema resulta peor, porque lo mismo se rasuran cinco con una sola máquina de pelar, que intentan hacerse diseños utilizando cuchillas y tijeras empleadas para cualquier otra cosa.

«Aunque sea un asunto íntimo, los padres deberían estar atentos. Quien vea los casos que he tenido que tratar en mi trabajo como enfermera, me daría la razón. Sin embargo, cuando se trata de esta clase de infecciones, solo la minoría acude al médico».

La Dra. Rosario García Salazar, integrante de la Fundación Mexicana para la Dermatología (FMD), expone que los estimados de las organizaciones médicas regionales establecen que más del 60% de las mujeres que se depilan han padecido algún tipo de complicación en su salud. El Virus del Papiloma Humano (VPH) resalta entre los más contagiosos, pues se considera que el 80% de la población mundial sexualmente activa, ha estado o estará expuesta a dicha enfermedad.

Consejitos:

  • Los dermatólogos sugieren que no se debe utilizar una misma hoja de afeitar para distintas partes del cuerpo, pues en caso de que se desarrolle alguna infección, podría extenderse de manera masiva.
  • Si utilizan máquinas eléctricas de afeitar, deben estar limpias y realizar cortes suaves, para evitar que hale los vellos y presione la piel.
  • Antes de depilarse se recomienda tomar un baño tibio, ya que los folículos estarán más blandos y ello facilitará el proceso, que debe hacerse en la misma dirección en que crece el pelo, con lo cual se evitarán abrasiones.
  • Las cuchillas de afeitar nunca deben prestarse.
  • Ante señales de irritación, enrojecimiento, inflamación y dolor en la zona púbica, se recomienda acudir inmediatamente a los servicios médicos.

Sin embargo, de acuerdo a varios estudios realizados en Estados Unidos, Reino Unido y otras naciones europeas, los hinchas pro-depilación aluden a la cuestión higiénica, y no a la estética, como principal razón de peso: «el pelo guarda la humedad y provoca hongos»; «el vello púbico puede causar dermatitis cuando las temperaturas son muy altas»; «quienes se rasuran no padecen de mal olor». Patrañas. La ciencia alega exactamente lo contrario.

Luisa Dillner, dermatóloga inglesa especializada en salud genital, considera, de hecho, que la depilación deja al pubis «indefenso».

«Los doctores no piensan que tenga ningún beneficio para la salud. Hace que la presencia de piojos sea menos probable, pero aumenta el riesgo de infecciones por los pequeños cortes que se producen en el área púbica. (…)Tu pubis es un asunto tuyo. Pero el vello púbico está ahí por una razón: para proteger tus genitales de fricciones e infecciones. Es más higiénico no afeitártelo».

La decisión, no obstante, recae en cada uno de nosotros. Pesa lo que nos atrae, lo que nos «enciende», lo que nos acerca a lo demás, pero pesa, asimismo, la deuda con nuestra salud. A  gustarle a otros ofrendamos, incluso, más tiempo y esfuerzo que el que dedicamos a la oportunidad de estar satisfechos con nosotros mismos. Lo de menos es lo que sobra o falta sobre nuestra piel, si antes no determinamos los modos —e imágenes—  que nos hacen felices.

http://www.vanguardia.cu/sexeando/9884-sin-depilarse-no-hay-paraiso

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