Doctora Foster, la nueva serie que nos trae Multivisión

Doctora Foster es una de las series inglesas, producción de la BBC, que más éxito ha obtenido en la temporada pasada, arrasando audiencias, y que ahora puede verse en nuestro país a través deMultivisión.

Comienza entonces a desarrollarse durante cinco capítulos (primera temporada) un drama psicológico que atrapa como las suposiciones de Gemma a su mente y su corazón, poco a poco, desordenada pero pasionalmente, al espectador presto a entregarse como su protagonista a todo lo que tenga que llegar.

El guión de Mike Bartlett mantiene la tensión necesaria para que la intriga y el interés por saber más no desfallezca y nos columpia sin miramientos alrededor de la mente de Gemma, esa médico ejemplar, haciéndonos ir y venir entre la duda más incomprensible, la imaginación. Porque ¿está en lo cierto la suspicaz esposa o acabaremos subyugados por la locura de un recelo?

La dificultad que pudiera tener tal argumento se desvanece cuando los directores de la serie se inclinan hacia una especie de tragedia pasional que se acerca en su desarrollo a un thriller negro, dominado como las grandes historias de las heroicas del cine de los cuarenta -Miss Davis incluida- por la mujer detenida fatal, cuya malaventura hace resaltar lo más escondido y morboso de su personalidad. Cuando las mentiras y la traición salgan a la luz, ¿quién podrá juzgar comportamientos nunca imaginados como violar la mayor parte de las normas éticas de una profesión, acudir al chantaje, al fraude y a mucho más si es necesario? “Qué inocente eres…, crees que el mundo es mejor de lo que es”.

Maravillosa su protagonista Suranne Jones, una actriz fantástica que lleva a cuestas todo el peso de la serie, determinada a descubrir la verdad, sin dejarse caer, aunque sus pesquisas la empujen hacia una verdad tan dolorosa como engañosa con que envolver su vida cercana y su alrededor. El secreto de la locura que envuelve lo cotidiano, la vida.

Jones es una actriz enorme, a la que merecidamente concedieron un Bafta por su interpretación de Dr. Foster, una intérprete y una mujer cuya elegancia y personalidad van más allá de su físico y de su indumentaria, de esas actrices a las que ante su sola presencia resulta difícil colocar partner que pueda darle réplica, como ocurre con nuestra compatriota Elvira Mínguez o la francesa Fanny Ardant. No desmerece por supuesto un elenco admirable que da pie a la locura por perpetrar, y en cuya función de claroscuro nunca dejan de estar perfectos. Todos, incluido el niño.

Dr Foster engancha, es cierto, aunque su frialdad británica a veces hiele, o quizá eso contribuya y lo acerque en ocasiones hasta el miedo a corazones más calientes (o cálidos), como los nuestros, mediterráneos… aún.

Parecía que la cerilla de ‘Doctor Foster’ se había consumido por completo, pero no, llegáron 5 nuevos capítulos (segunda temporada) aún quedaba un último fogonazo para terminar definitivamente con nuestros nervios. Una temporada que cambia el foco narrativo final para explorar las repercusiones que tiene la relación destructiva y demente de Gemma y Simon sobre la vida de su hijo. Un enfoque que ha conseguido justificar una temporada que, inventivamente, ha brillado poco en sus partes más simétricas a su primera entrega.

Volver a cruzar los caminos de Gemma y Simon está demasiado forzado. Esa vuelta a la lucha descarnada de dos desequilibrados que sólo piensan en sí mismos es demasiado irreal. Pero se le acepa, porque es necesario situarlos en el mismo escenario para seguir construir una nueva historia. Una historia que vale la pena, que debía ser contada y que justifica que tengan que forzar la narración para dar el pistoletazo de salida a la trama.

En la primera temporada vimos las repercusiones psicológicas de una infidelidad encubierta. Ahora ha tocado el turno de ver las repercusiones que esta relación cancerígena ha tenido en el hijo de la pareja, un chaval que acaba convirtiéndose en un peón más en una lucha en la que la razón ya no tenía cabida. Un joven que quedará marcado de por vida por esta etapa de inestabilidad, rechazo e indiferencia. Dos padres que marcan la vida de su hijo como sus padres marcaron las suyas.

Dos temporadas que reflejan dos realidades que, por desgracia, están muy presentes en la sociedad. La segunda incluso más dramática que la primera. La vida de los hijos es sagrada. Esta trama es el que la hace que la segunda temporada de ‘Doctor Foster’ sea tan cruda y sobrecogedora como la primera. Pero la lucha entre Gemma y Simon acaba perdiendo fuelle después de todo lo que vimos y sufrimos en la primera temporada. Menos fuerza pero necesaria, sin duda, porque si no podría haber evolucionado la historia de Tom.

Una temporada de desequilibrios personales en el que sólo un personaje consigue salirse de este juego suicida y decir las cosas tal como son. Ella es Anna Baker, la vecina cuyo marido le fue infiel con Gemma. Uno de los personajes más dañados por las consecuencias de la tortuosa historia entre Gemma y Simon pero que pese a eso tiene la entereza y la frialdad como para dejar el sentimiento a un lado y decir las cosas claras a cualquiera que pase por delante, ya sea Gemma o el pobre James (otro peón en este juego). Pese a sus pocas escenas en toda la temporada, Anna Baker se proclama como uno de los mejores secundarios.

La primera temporada de ‘Doctor Foster’ fue potente en su conjunto, la segunda ha sido brillante por momentos. Dos formas de conquistar diferentes pero igualmente válidas. La audiencia de esta segunda entrega no ha bajado prácticamente respecto a la primera, sigue siendo todo un éxito en la BBC, lo que permite teorizar con una casi obligada renovación. Pero por ahora no se sabe nada y el final vuelve a ser lo bastante sólido como para que sea una despedida final. Si regresa ahí estaremos para seguir las locuras de Gemma Foster. Si no en nuestras mentes queda dar el destino que queramos a Tom y esta pareja destructiva.

Con información de: https://elasombrario.com y http://cienmegas.es

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