El cuento, y no precisamente el programa de TV !!!

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Cuentan que una vez se reunieron en un lugar de la tierra todos los sentimientos de los hombres. Cuando el aburrimiento había bostezado ya por tercera vez, la locura, como siempre tan loca, les propuso,   ¡Vamos a jugar a las escondidas!  La intriga levanto la ceja intrigada y la curiosidad sin poder contenerse preguntó ¿A las escondidas y como es eso? Es un juego explico la locura en el que yo me tapo los ojos y cuento desde uno hasta un millón, mientras ustedes se esconden y cuando haya terminado de contar, el primero de ustedes que encuentre ocupará mi lugar para continuar el juego. El entusiasmo bailó entusiasmado secundado por la ironía, la alegría dio tantos saltos que terminó por convencer a la duda e incluso a la apatía a la que nunca le interesaba nada. Pero no todos quisieron jugar, la verdad prefirió no esconderse ¿para qué? Si al final la hallaban siempre, la soledad opino que era un juego muy tonto, en el fondo le molestaba que la idea no hubiese salido de ella y la cobardía prefirió no arriesgarse. Uno, dos, tres…. comenzó a contar la locura. La primera en esconderse fue la pereza, siempre tan perezosa se dejó caer tras las primeras rocas del camino, la fe subió al cielo y la envidia se escondió tras la sombra del triunfo que con su propio converso había logrado subir a la copa del árbol más alto. La generosidad casi no alcanzaba esconderse pues cada sitio que hallaba le parecía apropiado para uno de sus amigos, un lago cristalino era apropiado para la belleza, una rendija en un árbol perfecto para la timidez, una ráfaga de viento perfecto para la libertad y así terminó por acurrucarse en un rayo de sol. El egoísmo en cambio encontró un sitio muy bueno desde el principio, aireado, cómodo pero solo para él. La mentira se escondió para engañarnos, la pasión y el deseo se escondieron en el fondo de los volcanes y el olvido, ¡ahí se me olvido donde logró esconderse! pero eso no es lo más importante.

Cuando la locura contaba ya 99 999, el amor todavía no había encontrado donde esconderse, un millón contó la locura, la primera en aparecer fue la pereza, a tres pasos detrás de una piedra, después descubrió a la fe discutiendo una teoría con Dios en una nube altísima, a la pasión  y el deseo los sentía vibrar dentro de los volcanes, en un desierto encontró a la envidia  agazapada detrás del triunfo, el egoísmo no tuvo ni que buscarlo, el solo salió de su escondite que resulto ser un nido de avispas. De tanto caminar sintió sed y al beber en un lago encontró a la belleza, y con la duda resultó más fácil todavía, la encontró encaramada en una cerca dudando donde esconderse. Solo el amor no aparecía por ningún sitio, lo busco detrás de un árbol, por los mares y océanos, en la cima de una montaña y cuando estaba por darse por vencida divisó un rosal y penso “El amor tan cursi debe estar seguro escondido entre las rosas”, como no se dio por vencida fue a  mover las ramas con fuerza, cuando de pronto se escuchó un doloroso grito, el amor se había herido los ojos con las espinas de las rosas y gritaba desconsolado, la locura no sabía que hacer para ofrecer auxilio, le pidió perdón, se acerco, lo apretó y le propuso ser su compañera y el amor acepto.

Desde que se jugó por primera vez a las escondidas en la tierra el amor es ciego y la locura siempre lo acompaña.

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