Cuando vas a trabajar o realizar tus actividades cotidianas, ¿en qué momento del día te sientes con mayor disposición?, ¿la mañana o la tarde?
Existe una razón por la que te desempeñas mejor en ciertos horarios del día, algo que se puede explicar gracias a la cronopsicología (disciplina que estudia las variaciones en el desarrollo psíquico e intelectual de una persona durante toda su jornada).
Juan Francisco Díaz Morales, investigador y profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid, señala que lacronopsicología estudia los ritmos psicológicos de manera paralela a la cronobiología que se centra en los ritmos circadianos de 24 horas como los de vigilia sueño y la temperatura corporal, así como los períodos mensuales, que son el ciclo menstrual o los cambios estacionales, y los que duran menos de un día como el ritmo cardíaco y la respiración.
“El ritmo más interesante de 24 horas es el ritmo vigilia-sueño, que es el más estudiado por sus consecuencias sobre la organización diaria de la actividad y que establece diferencias individuales en su interacción con el ciclo luz-oscuridad”, menciona.
Este rimo de luz-oscuridad, se relaciona más con las personasmatutinas, quienes se caracterizan por levantarse más temprano y estar en mayor sincronía con el entorno, mientras que las vespertinas, tienen un retraso en este ciclo.
El reloj biológico es de los principales actores para que nos adaptemos a la mañana o tarde y utiliza al ojo para que reciba la luz y así pueda sincronizarnos con el medio ambiente. Se podrías decir que la luz pone a la hora nuestro reloj.
En el núcleo supraquiasmático del cerebro, se alberga nuestro reloj, que en realidad está próximo a las 25 horas, lo que ayuda a que nos adaptemos a las variaciones del ciclo-oscuridad.
“La mayoría de personas no somos ni matutinos ni vespertinos sino que nos adaptamos según las tareas que realizamos y la mayoría de nosotros guarda cierto equilibrio, sólo existen entre un 10% y un 20% de vespertinos y un porcentaje similar de matutinos”, menciona.
Dicho reloj no se mantiene igual todo el tiempo. De niños, solemos ser más matutinos, pero al llegar a la adolescencia, con los cambios hormonales, se altera y nos convierte en vespertinos, lo que llega a causar problemas en la escuela si las clases son temprano, ya que a esa hora se presenta la somnolencia.
Conforme vamos creciendo, retomamos nuestro estado matutino porque nos incorporamos al trabajo y recibimos más luz. El cambio se vuelve a presentar a los 45 años.
“Cuando una persona es un tipo matutino o vespertino extremo, cuesta mucho cambiar este rasgo. En general, la heredabilidad de este rasgo es del 50%”, dice.
Añade que en la actualidad, se debe aprender a identificar como adaptarnos a una sociedad matutina sin que represente un riesgo para las personas vespertinas, quienes pueden sufrir depresión, ansiedad, consumos de estimulantes como el alcohol y tabaco así como una mala calidad de vida.
Tomado de: Redacción Su Médico
