La versión más insólita y universal de la Guantanamera

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Los hinchas futboleros, como recién vimos en la Eurocopa francesa, se enzarzan, dentro y fuera de los estadios, en una violencia verbal y física como lenguaje e identidad de un poder simbólico basado en el miedo.

Sin embargo, en las gradas y durante un partido cualquiera, estos mismos hinchas animan a sus equipos o disminuyen al rival con cánticos corales de gran arraigo que resuenan en todo el recinto y que, al margen de episodios violentos, consisten en un espectáculo cultural y hasta patrimonial de una afición, una ciudad, un país.

Cuando hablo de cánticos no me refiero a los himnos de los equipos, sino a versiones de canciones famosas de las que los hinchas toman la melodía principal y cambian su letra original por otra adaptada a un propósito determinado.

Así, muchos cánticos futboleros reciclan piezas operísticas o éxitos musicales de Depeche Mode, Village People, Gloria Gaynor o Boney M. Quizás el hecho más relevante de la Eurocopa francesa 2016 no haya sido el triunfo de Portugal sino la viral popularización del cántico hincha norirlandés Will Grigg’s on fire, basado en la canción Freed from desire de la italiana Gala.

Por increíble que parezca, la de nuestra Guantanamera es de las melodías que más han sido adoptadas y adaptadas por múltiples hinchadas del mundo para engrosar la lista de cánticos que hoy por hoy en todos los estadios gustan y padecen por igual árbitros, jugadores, aficiones y técnicos.

Las razones del porqué de esta elección probablemente nunca estén muy claras: no sabremos con certeza cuándo, dónde y cómo los aficionados decidieron que la Guantanamera se adecuaba como cántico de gradas, pero la realidad es que en el último par de décadas ha sido de los temas más coreados en los partidos.

Quizás la sencillez de una línea melódica pegadiza, maleable, que se presta a diversas adecuaciones tonales, sea la causa de que tanto hooligans como ultras españoles la utilicen para elogiar, insultar, venerar o hacerse sentir, permitiendo que su interpretación sea reconocible en cualquier partido de futbol y con ella la identidad de un club y una afición. Ciertamente se hace muy difícil reconstruir el rastro de cómo esa guajira-son antillana se instaló en las gradas futboleras de Europa.

Tampoco es que una versión de la Guantanamera sorprenda a estas alturas a nadie, y menos a los cubanos repartidos por el mundo, siendo como es de las canciones más versionadas de la historia de la música.

Pensemos en la extensa y heterogénea lista de sus intérpretes, entre otros, Fania All Stars, Los Lobos, ABBA, José Feliciano, Julio Iglesias, Los Sabandeños, León Gieco, Zucchero, Antonio Machín, Demis Roussos, Alberto Cortez, Celia Cruz, Willy Chirino, Orlando Contreras, Plácido Domingo, Dámaso Pérez Prado, La Lupe, Rolando Ojeda, Compay Segundo, Pitbull, Omara Portuondo, Lucrecia, Pitingo, y cantantes folclóricos estadounidenses como Pete Seeger y Joan Baez que la internacionalizaron en pleno boom revolucionario de los sesentas.

Por hablar de versiones, las propias interpretaciones de Joseíto Fernández de la Guantanamera pudieran considerarse tales, no ya porque difieran entre sí, sino porque lo son de un original cuya autoría tal vez ni siquiera le pertenecía, pese que él se empeñaba en reclamarla.

La historiografía musical cubana más consensuada, oficial y oficiosa establece al habanero Joseíto como el autor musical de su estribillo, a Julián Orbón como el introductor de Versos Sencillos de Martí como letra, y a Peter Seeger como su difusor más internacional.

Pero alguna que otra hipótesis apunta a una genealogía colectiva, relativamente anónima y autóctonamente guantanamera de esta tonada, según la cual el habanero Joseíto Fernández y Julián Orbón solo quedarían como sus mayores promotores.

La canción habría surgido en Guantánamo un sábado de julio de 1929, durante el cual un grupo de amigos, al ver pasar a una mujer, la piropearon cortésmente y esta respondió ofendida, por lo que uno de ellos exclamó «¡Eh, qué se habrá figurado la guajira guantanamera esta!». De ese grupo el panadero Herminio García Wilson, apodado “El Diablo”, habría buscado una música para acompañar la exclamación de su amigo, y la tocó esa misma noche durante una fiesta en casa de Silverio Bosch Dubois.

La canción prendió y comenzó a tocarse en festejos callejeros, aunque cambiando siempre la letra y respetando únicamente el estribillo. Por entonces la tonadilla se prestaba a la ironía, la protesta, los líos de faldas y la crónica roja, de ahí la advertencia de ‘no te canten la Guantanamera’.

Según el historiador de Guantánamo Héctor Tati Borges, la canción ya había ganado fama en una radio local de la vecina Santiago, Radio CMKW, en la interpretación de Miguel Ángel González, ‘El guajirito del Edén’, durante El programa de las peticiones. Alejo Carpentier en La música en Cuba de 1946 también refiere que en una estación de radio de La Habana obtuvo un gran éxito una canción campesina titulada La guantanamera, traída a la capital por auténticos cantadores orientales.

Siguiendo el hilo de esta teoría, Joseíto solo sería el intérprete con él que la Guantanamera triunfó nacionalmente en forma de comentarios amorosos, patrióticos, irónicos o sociales en el programa de CMQ El suceso del día, con improvisaciones que comentaban la actualidad y cerraban el programa.

Refuerzan la hipótesis de su no-autoría las distintas versiones del origen de la canción que el propio Joseíto ofreció. En una ocasión dijo que ya antes de El suceso del día en CMQ, la había cantado en una estación de radio a raíz de un incidente amoroso con una trabajadora guantanamera de la emisora. En otra ocasión dijo que la compuso por el año 1934 a instancias de su pianista a Facundo Rivero para cerrar un programa que radiaba por la CMCO.

Sea como fuera, autóctonamente guantanamera o habanera, gracias a su popularidad e internacionalización, la Guantanamera ha pasado de ser un bien cultural estrictamente cubano para universalizarse, al punto de encontrártela cantada por decenas de miles de personas a coro en sitios y circunstancias tan insospechados como son campos y partidos de futbol.

Tomado de: CiberCuba

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