Terceros a escena

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A lo largo de nuestra existencia, muchas serán las personas a las cuales entregaremos nuestro amor y cariño. Así, desde nuestros padres y familiares, pasando por los amigos, conocidos, compañeros de aula y quién sabe cuántos más, todos serán tributarios de estos sentimientos con mayor o menor intensidad.

Ante semejante hecho nadie se asombra ni se preocupa. No se le ponen cotos a las emociones y nos dejamos llevar por ellas. Mientras a más queramos, mucho mejor.

Claro, todo cambia cuando lo que sentimos nos lleva al enamoramiento o apasionamiento. Es ahí cuando aparecen las normas y pautas sociales para, hasta cierto punto, poner los frenos e inducirnos a escoger solo una que se constituya en la “pareja social”.

En general no todos son partidarios de esta regla. Citemos, por ejemplo, a algunas culturas como la árabe*, donde la poligamia —para nosotros una especie de adulterio consentido— es práctica institucionalizada, y el concepto de infidelidad difiere del de las sociedades occidentales.

Al mismo tiempo, existen otras idiosincrasias, como la nuestra, en las cuales la tenencia de más de una pareja simultáneamente sí remueve bajas y dolorosas pasiones. Sin embargo, patrones históricos, educacionales y culturales justifican la deslealtad, sobre todo la masculina en franca desventaja de la femenina.

Cuando un tercero es necesario
Muchos son los contratos tácitos que se hacen en la vida. Con los padres, con los amigos, con el país donde se vive, con la pareja. De todos, es el último uno de los más complejos, pues varias veces negociaremos esta especie de transacción, y no siempre bajo los mismos términos.

“Para mí tener novia es algo importante porque me siento mucho mejor, siento que soy muy especial para alguien”, refiere Josué, joven promotor de Salud, quien además reflexiona sobre lo valioso de los vínculos amorosos y lo doloroso de la infidelidad.

“Cuando somos desleales rompemos el compromiso que se tenía con otra persona para brindar exclusividad en lo emocional y sexual, es como despreciar un acuerdo, una armonía a la que a veces cuesta trabajo y tiempo llegar”.

Es por ello que la traición se vive como uno de los peores momentos en la relación y se piensa que quien la protagoniza es culpable de un grave daño al “sagrado” vínculo. Esto se debe a que generalmente en él encontramos una parte significativa de lo que se necesita para ser feliz.

Varios son los factores que provocan el desliz. Ello depende, en gran medida, de cada persona y la situación alrededor del noviazgo, matrimonio o vínculo consensual.

No obstante, existen algunas generalidades que vale la pena mencionar. Una de ellas, y en muchas ocasiones pasada por alto, es la elección de la propia pareja; si lejos de lo que percibimos, no es del todo cierto que elegimos libremente. Según especialistas del Centro de Higiene Mental en el capitalino municipio de Playa, por lo general la decisión está dada por factores restringidos al círculo en el cual nos desarrollamos.

La elección no es al azar, sino altamente determinada por las actividades que realizamos, y que nos permiten conocer o relacionarnos con un determinado círculo, excluyendo a otras personas que pudieran resultarnos atractivas y afines.

En tal sentido, diversos estudios plantean que generalmente buscamos pareja entre gentes que realizan actividades o tienen gustos similares al nuestro. Ese es el caso de las relaciones desarrolladas en la escuela, el trabajo, los amigos, etcétera.

Otro de los argumentos que se esgrimen a la hora de justificarla presencia de un tercero es la necesidad de satisfacer algunos espacios vacíos dejados por la relación formal. En este sentido algunos aseguran que se comienza a sentir una especie de insatisfacción que, en ocasiones, es preciso solucionar con la ruptura o con la búsqueda de un amante.

Al respecto, uno de los factores que conllevan al corrimiento lo constituye la ausencia de las herramientas necesarias para hacer frente a las múltiples y lógicas discrepancias surgidas de cualquier vínculo. El silencio o la falta de asertividad se imponen a la comunicación diáfana y necesaria.

Si bien es cierto que hablar de lo que incomoda genera un elevado nivel de estrés, el complejo del avestruz solo aplaza el enfrentamiento a situaciones que por demás pueden empeorar, y que tarde o temprano tendremos que enfrentar.

Por último, y no por ello menos importante, aparece la monotonía como una de las causas del engaño. Lamentablemente, mientras navegamos en nuestra relación, marcamos costumbres y hacer es que una vez descubierto que satisfacen al otro no intentamos cambiar, al menos no asiduamente.

Así la relación cae en una especie de letargo o estancamiento que asfixia a algunos, llevándolos a una búsqueda de nuevas experiencias y emociones.

El significado de una relación
“Es verdad que ahora se usa la descarga, pero no siempre una está dispuesta a compartir su pareja”, plantea Raquel, estudiante de  Comercio y Gastronomía. ”En la actualidad se hace muy difícil confiar porque casi todo se acepta. Por eso es que creo que la única fidelidad que podemos controlar es la nuestra”.

Si bien la anterior afirmación constituye opinión generalizada entre los actuales jóvenes, los códigos de la relación monogámica de pareja se establecen entre ella.

Por demás, tener en cuenta algunos aspectos como a quién elegimos, qué queremos lograr de la relación, cómo mantenerla motivación de ambos, podría disminuir la posibilidad del engaño.

No hay mayor problema en mantener tu propia fidelidad. Todo dependerá de tu escala de valores y no de un determinismo biológico al que muchos achacan su actuación.

Si tu escala de valores te indica que adquirir un compromiso implica esforzase para cumplirlo, entonces entrar en una relación y ser fiel te proporcionará esa satisfacción. De lo contrario, ningún discurso, sermón o tratado servirá para convencerte de que cumplas lo pactado, pues tu ética personal simplemente difiere de la social.

Solo recuerda que una relación de pareja es, en esencia, un contrato social, un pacto; a él llegamos usualmente por voluntad propia. Por tanto, ante las campanadas de peligro es preciso revisar lo pactado, tratar de buscar soluciones a cuatro manos o, de lo contario, retirarse a tiempo.

 

* Las culturas árabes se han caracterizado por estar inmersas en constantes conflictos bélicos. Son los hombres los que están destinados para dichos avatares. Por tal razón, ha sido usual que la población masculina sea menos numerosa que la femenina. Ello ha provocado que la poligamia sea una práctica permitida y legitimada desde hace muchísimo tiempo.

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