Debe su vida a dos importantes actores de nuestro país, y aunque reconoce que a veces constituye un peso las comparaciones de quienes la suponen favorecida por ser hija de Edith Massola, expresa un amor especial por ella y por otras tres mujeres de su familia, una suerte de “mosqueteras” quienes “siempre han estado a su disposición, apoyándola en lo que ha querido hacer”.
Desde pequeña “fuimos probando en el baile, la música, la actuación”. Pero tuvo sus inicios en la televisión, gracias a los espacios educativos El Reino del revés y Para ser mejores, donde a temprana edad le vieron chispa y desenvoltura ante las cámaras.
Luego el director Orlando Cruzata la cachó para la conducción de los Lucas, donde incursionó con solo 14 años. También por esas fechas la popularidad le llegó tras la participación en el video del realizador Joel Guilián al tema “Perdónala”, de Los Ángeles.
A partir de entonces perfiló sus intereses hacia los medios de comunicación y la convocaron para otras oportunidades, como el más reciente clip junto a la agrupación nobel Carpe Diem.
Sin embargo, “el mayor reto ahora mismo son mis estudios de actuación en la ENA. Cuando me enfrenté en un primer momento a los exámenes para entrar a esa escuela no tenía la madurez necesaria y los suspendí. La segunda vez resultó un logro y un descubrimiento sobre las exigencias de preparación y lo difícil del mundo del teatro”.
“Eso me atrapó porque en la televisión ya me sentía un poco más cómoda en comparación a mis inicios”. Así lo percibe el público quien también coincide en la transformación de su imagen, resultado del crecimiento y la evolución de una muchacha de los14 a los 18 años de edad, según comenta.
“Entré a Lucas con las cejas sin sacar, el cabello rizo y brackets. Llevaba años decidiendo si me teñía el pelo y un día lo hice, por eso el cambio hoy resulta notable.
“Es el reflejo de mis intereses y gustos. No me lo propuse, sino que de forma natural respondí a ese curso que me lleva quizá a una mayor estilización”.
“Una cosa que sí resulta intencional es mi estilo de vestir”. Evita los clichés en el maquillaje y el vestuario “perfecto” para una presentadora de televisión: tacones, labios rojos, morados o rosados.
“Si estoy cómoda en tenis, me los pongo hasta en las galas… ¡son tenis de galas!”, dice a manera de chiste. “No visto aquello que me incomoda. Eso lo he hecho un poco más consciente”.
“Comprendí lo importante de la ejercitación del cuerpo para los actores, así como la importancia de la apariencia en la televisión”. Quizás sea una de las tantas actitudes de su madre que descubre en ella, como mismo la reacción ante el trabajo y el gusto por la música. Rasgos de muchacha de este tiempo con ciertos parecidos a su progenitora, pero dueña de un nombre y talento propios.
Tomado de: http://vistarmagazine.com/articles/paula-es-un-nombre-propio
