Conoce sobre el ciclo del deseo en la «Respuesta Sexual»

La respuesta sexual se refiere al ciclo propio de la sexualidad humana que abarca el proceso del deseo, la excitación y el orgasmo en hombres y mujeres. La respuesta sexual consta de varias fases que, en general, se suceden unas a otras por el orden que encontrarás a continuación. Por ejemplo, es difícil llegar a un orgasmo intenso y placentero sin haber recorrido previamente una fase de excitación creciente.

No obstante, hay dos aspectos que nos acompañan a lo largo de todo el ciclo de nuestra respuesta sexual: el deseo y la satisfacción. Sin satisfacción en las diferentes fases, difícilmente encontraremos el deseo que mantenga nuestro impulso de iniciar o continuar un encuentro erótico.

En concreto, las fases de la respuesta sexual son las siguientes:

  • Fase de deseo
  • Fase de excitación
  • Fase orgásmica
  • Fase de resolución
  • Fase de satisfacción

Si bien hombres y mujeres compartimos estas fases, en cada uno de los sexos hay una serie de aspectos y reacciones fisiológicas, así como una serie de cambios anatómicos,  que nos diferencian. A continuación abordaremos con más detalle qué ocurre en cada una de estas fases y como varían en ellos y ellas. 

– Fase de deseo

El deseo aparece en nuestra existencia en general, y en concreto en nuestra sexualidad, como una percepción física y mental que nos impulsa hacia el sujeto o el objeto de nuestro deseo. A veces surge de forma involuntaria, nos sorprende, tomamos conciencia del mismo sin haberlo previsto, por ejemplo cuando lees la escena de una novela y notas un cosquilleo en tu interior y te dices: pues me gustaría probarlo. El deseo también se provoca deliberadamente mediante una acción erótica voluntaria, excitante, atractiva o sugerente que pueda ponerlo en marcha.

El deseo se siente, se percibe y nos lleva a buscar su satisfacción. Cuando el deseo inicial crece, empezamos a notar los cambios que provoca en nuestro cuerpo el fenómeno de la excitación. El deseo suele desencadenar el inicio de nuestra respuesta sexual y nos acompaña, lleno de matices, a lo largo de todo este proceso erótico.

 

 La fase del deseo en las mujeres

No es infrecuente escuchar que en las mujeres el deseo es algo complejo y hasta incomprensible; no obstante, el centro de la cuestión está simplemente en el hecho de que el deseo femenino funciona de manera no idéntica al deseo masculino. Los estímulos visuales, por ejemplo, tienen un efecto menor en las mujeres, mientras que las emociones, la imaginación y las caricias sensuales juegan un papel importante.

En las mujeres se suele asociar deseo con disponibilidad a iniciar un encuentro sexual, cuando en realidad esto es falso. El deseo en las mujeres puede ir asociado a las ganas de tener intercambios eróticos diferentes a un encuentro sexual tradicional, y estos pueden ir desde un beso o unas caricias sensuales a un encuentro excitante y explícito, pero sin penetración, por ejemplo. La diversidad en los matices de qué desean las mujeres cuando desean es inmensa.

 La fase del deseo en los hombres

Por lo general, el deseo masculino se desencadena muchas veces ante un estímulo visual, y también ante estímulos imaginados o fantasías sexuales. Por supuesto, como en el caso de las mujeres también se desencadena gracias a una serie de estímulos táctiles que la persona percibe como agradables, excitantes y satisfactorios.

En general, se suele asociar el deseo y la excitación masculinos con la erección del pene, aunque, si bien en muchas ocasiones esta asociación se cumple, siempre hay excepciones y puede haber deseo sin erección e incluso excitación sin deseo.

Por supuesto muchos hombres rompen moldes y sorprenden a sus parejas con deseos originales e ideas innovadoras. En definitiva, cada hombre y cada mujer pueden tener sus propios desencadenantes del deseo, y estos pueden ser diferentes al de otras personas. La búsqueda de la normalidad, o el deseo estandarizado socialmente, suele ser un gran enemigo del deseo sexual.

– Excitación

En la fase de excitación, nuestra tensión sexual va en aumento, crece alimentada por los estímulos eróticos que nos rodean. Esta excitación sexual creciente se manifiesta en una serie de cambios característicos de nuestra anatomía y nuestra fisiología, y a su vez en un aumento de nuestro deseo. Por supuesto, esta fase puede ser corta o prolongada, todo dependerá de nuestro organismo, nuestros sentimientos y las circunstancias.

A lo largo de esta fase –la segunda dentro de la respuesta sexual–, tanto en hombres como en mujeres, el ritmo cardiaco se acelera, nos sube la presión arterial y nuestra musculatura se va tensando cada vez más.

 

 La excitación en las mujeres

El clítoris se hincha, o lo que es lo mismo, queda en erección, y los labios mayores y menores también se hinchan y su color se hace más intenso, ya que la sangre afluye hacia su interior.

Conforme avanzamos en esta etapa, el glande del clítoris –la parte visible de este órgano del placer– se retrae y queda cubierto por el capuchón. Esto es importante ya que puede suponer que deseemos un cambio en el modo de estimularnos. Además, la vagina se lubrica y se ensancha, el útero experimenta una elevación, y los pezones se endurecen y aumentan de tamaño.

 La excitación en los hombres

La vasocongestión de la zona genital masculina provoca la erección del pene, además el escroto se hincha y los testículos se elevan. Algunos hombres, como en el caso de las mujeres, también experimentan un endurecimiento de los pezones y un incremento de su sensibilidad.

Conforme avanzamos en esta fase, y la excitación va en aumento, se intensifica  la dureza del tronco del pene y el glande, y su color se vuelve más violáceo. Todo ello es debido a la afluencia de sangre hacia los cuerpos cavernosos, que son el tejido eréctil del pene. Las glándulas de Cowper o glándulas bulbouretrales segregan  el líquido preseminal para acidificar la uretra y prepararla para el paso del semen durante la fase orgásmica.

– Fase orgásmica

Cuando la excitación va en aumento y se supera un umbral, llega el orgasmo. En la fase orgásmica –la tercera dentro de la respuesta sexual–, la tensión muscular que habíamos ido acumulando durante la excitación creciente se intensifica aún más y poco después se libera. Nuestra respiración sigue aumentando su frecuencia, del mismo modo que lo hacen también nuestra frecuencia cardiaca y la presión arterial. Se trata de la máxima expresión de la fase de excitación.

 
 

 El orgasmo en las mujeres

La fase orgásmica se caracteriza por una serie de contracciones que se inician en el tercio externo de la vagina, que se extienden hacia la vulva y el ano y se adentran hacia el útero. Estas contracciones, al principio muy intensas y luego más suaves, se suceden a intervalos de 0,8 segundos. El número de contracciones oscila entre tres y quince, dependiendo de cada mujer; de su edad, de su frecuencia orgásmica, del tono muscular de su musculatura pubococcígea, del nivel de excitación y de la calidad de los estímulos, por ejemplo. Por lo general se trata de contracciones muy placenteras.

Estas contracciones espasmódicas hacen referencia al fenómeno orgánico, pero una mujer es mucho más que su organismo y, en consecuencia, la percepción de este es una experiencia muy personal, en estrecha relación con el grado de abandono a las sensaciones de placer y de sus expectativas de satisfacción. En esto coinciden plenamente hombres y mujeres.

 El orgasmo en los hombres

Como en el caso de las mujeres, las contracciones espasmódicas también se suceden cada 0,8 segundos, suelen ser muy placenteras y se perciben de forma subjetiva y significativa por cada hombre, pero, a diferencia de la respuesta orgásmica femenina, la masculina tiene  dos fases: la fase de emisión y la fase de eyaculación.

En la fase de emisión, la próstata y las vesículas seminales se contraen y el semen llega a la base de la uretra. Es el momento en que se tiene la sensación de no retorno, de que la eyaculación es inevitable e inminente. A continuación, se inicia la fase de eyaculación, dando lugar a unas contracciones en la uretra y el pene que provocan la salida al exterior del semen.

Diferencias en el orgasmo entre hombres y mujeres

La anatomía y la fisiología sexual femeninas funcionan de tal modo que no requieren un periodo de descanso entre un orgasmo y otro. Si la estimulación continúa tras el primer orgasmo, en las mujeres la excitación puede alcanzar de nuevo el umbral que llevará a otro orgasmo. Por ello una mujer puede ser multiorgásmica.

En el caso de los hombres, por el contrario, tras la eyaculación hay un periodo refractario que alarga el tiempo necesario entre un orgasmo y otro, como veremos a continuación en la fase de resolución.

– Fase de resolución

Tras el orgasmo, o los orgasmos, cuando cesa la estimulación, el cuerpo se prepara para volver a la fase de equilibrio anterior a iniciarse el ciclo de la respuesta sexual. La frecuencia cardiaca, la tensión arterial, la respiración, la tensión muscular y la vasocongestión de la zona genital van desapareciendo gradualmente para dar lugar al ritmo y la coloración habitual de nuestro organismo en descanso.

En esta fase de resolución es interesante dejarnos un espacio para disfrutar de estos momentos de valor incalculable y no salir corriendo para retomar las obligaciones cotidianas.

 Fase resolución en las mujeres

La hinchazón del clítoris y de los labios mayores y menores desaparece, y el glande vuelve a ser visible; la vagina y el útero recuperan su posición habitual, y los pezones su textura y dureza previas.

 Fase resolución en los hombres

La erección va disminuyendo, y el escroto y los testículos también recuperan su posición habitual. Tras la eyaculación, que no necesariamente el orgasmo, se inicia el periodo refractario, que es el tiempo que un hombre necesita para poder iniciar de nuevo todo el ciclo de la respuesta sexual. Este periodo tiene una duración variable en función de la edad y el estado de salud. En los adolescentes y jóvenes puede ir de una  a varias horas, mientras que en los adultos y en la vejez puede durar incluso varios días. En este tiempo, el hombre volverá a fabricar los líquidos preseminales y seminales que son necesarios para que se dé la respuesta sexual masculina.

– Satisfacción

La satisfacción es una valoración subjetiva que nos acompaña a lo largo de todo el proceso erótico y cobra una especial importancia al final del ciclo de la respuesta sexual, en ese momento de placer y descanso que precede a la reincorporación a nuestra vida cotidiana. ¿Cómo me siento ahora? ¿Me ha gustado la experiencia? ¿Mis expectativas han quedado satisfechas?

Aunque se trata de una experiencia subjetiva, no por ello es menos importante, sino al contrario, es una experiencia muy significativa para el devenir de nuestra sexualidad futura, dado que es una percepción que deja una huella clara. Por tanto, el grado de satisfacción o insatisfacción puede acercarnos o alejarnos de un nuevo deseo de iniciar un encuentro erótico, o autoerótico. En definitiva, si hay satisfacción, desearemos repetir ya que se tratará de algo que consideramos placentero, deseable y excitante. Si no hay satisfacción, por el motivo que sea, lo más probable es que nuestro deseo vaya disminuyendo y el atractivo por la experiencia sexual, erótica o sensual pierda una parte de su valor.

Tanto en las mujeres como en los hombres todo el proceso de la respuesta sexual está acompañado de emociones y sentimientos, y no se vivirá igual una excitación deseada y esperada que una excitación que consideremos inoportuna. El sentimiento de adecuación es muy importante en nuestra sexualidad. Del mismo modo que lo son también las expectativas realistas sobre qué podemos esperar de nuestro cuerpo, además del conocimiento para sacarle el mayor partido posible a nuestros sentidos.

No deja de ser un mito que la satisfacción llega por sí sola. Por consiguiente, seas hombre o mujer, la mejor propuesta consiste en explorar y descubrir de forma lúdica las potencialidades de cada una de las fases de tu respuesta sexual.

Tomado de: WebConsultas

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