Humberto Miranda o Yosvani, el jonronero de “Los campeones”

Cuenta la leyenda que hace muchos años los niños cubanos no soñaban con marcar goles al estilo de Messi, sino con enviar una pelota de béisbol hasta el otro lado del parque y convertirse en héroes de este archipiélago tan beisbolero.

En los años 80 apareció en la televisión cubana una serie que, de alguna forma, permitió a los más pequeños de ese tiempo cumplir desde la distancia sus deseos de vestir el uniforme de las cuatro letras. Los Campeones, también conocida por todos como Los pequeños campeones, contaba la historia de un grupo de niños peloteros entre los que destacaba Yosvani, un habanerito tosco que le pegaba a la bola como todo un Pedro Medina en miniatura.

Pasaron los años y las repeticiones del programa fueron contagiando a otras generaciones de muchachos, quienes seguían viendo en Yosvani y sus compañeros Biyaya y Bienvenido especies de ídolos atemporales.

Todavía hoy, aunque hace buen rato que no retransmiten Los Campeones, su recuerdo sigue fresco en la mayoría de los que crecieron durante los últimos 30 años. Y como aquí en Cubalite somos bastante nostálgicos, decidimos encontrar a Humberto Miranda, el protagonista de aquella serie, para saber qué ha sido de su vida.

Tras una búsqueda algo accidentada, encontramos sus perfiles de Facebook e Instagram (@humbe25 y @hmirandafilm) y, luego de contactarlo, accedió a responder nuestras preguntas.

¿Cómo llegaste a Los campeones?

En esa época tenía 13 años, y antes había trabajado con el director Willy Franco en algunos cortos y otras cosas pequeñas. No sabía jugar pelota, cosa que, de hecho, nunca aprendí a hacer bien. En realidad era de esos niños que amaba el béisbol, pero al que casi nunca escogían para hacer un equipo para jugar en la calle. Lo irónico es que en televisión terminé por convertirme en Yosvani, el jonronero.

Se hizo un casting donde me tocó compartir con Diana Rosa Suárez, que luego fue mi mamá en la serie. Después de unos ensayos, quedamos varios muchachos, aunque el director me prefirió a mí por encima de otros que sí eran peloteros de verdad, pues opinaba que al actor se le puede transformar en atleta, pero no al revés.

Luego empezaron las grabaciones y después de que salieran al aire los capítulos todo cambió para mí. Yo era un muchachito al que nadie conocía y de la noche a la mañana aquello fue un “bum” que me cambió la vida. Pasaron los años e igual las nuevas generaciones me seguían reconociendo como un héroe.

Tal vez lo único contraproducente y a la vez gracioso de toda esa situación fue que, cuando jugaba pelota con los muchachos del barrio, todos se decepcionaban, porque yo era bastante menos bueno que mi personaje de la ficción.

¿Qué tal fue la relación con los adultos del elenco?

Tal vez uno de niño no nota la magnitud de lo que está siendo parte, porque eso de ser actor a esa edad pudiera parecer algo así como un juego. Creo que esa sensación de comodidad fue el resultado del enorme apoyo que nos daban los experimentados a los más pequeños de la producción, de forma que lograron hacernos sentir tranquilos y relajados durante el rodaje completo.

Casi siempre que terminábamos de filmar nos poníamos a jugar pelota entre todos, pues muchos de los que participaron sí eran deportistas reales de las categorías infantiles. Solo Biyaya, Bienvenido y yo teníamos alguna formación como intérpretes.

Los campeones fue una escuela, porque todos los mayores, incluyendo al director, al escritor Pedro Urbezo, así como los otros miembros del equipo, tuvieron el gran mérito de conseguir que nunca nos presionaran las cámaras ni el aprendizaje de los textos.

Si hubo algo que me golpeó fue la muerte de Luis Alberto Ramírez, que hacía de mi padre en pantalla. Fue un momento traumático, porque yo tenía una relación muy cercana con él. Recuerdo que cuando se cancelaban las grabaciones él me decía “vamos, hijo mío”, y me llevaba para su casa, donde jugaba con su hijo de verdad, que entonces tenía solo cuatro años.

Todo pasó justo cuando la aventura ya estaba saliendo al aire. Un domingo, los del elenco nos reunimos en el teatro Karl Marx para ensayar una actividad que íbamos a hacer allí. Tres días más tarde, llego a mi casa y allí estaba Willy con mis padres dándoles la noticia. No lograba creerlo, y cuando logré entender su pérdida fue muy duro porque él también era un poco como mi papá.

¿Hasta qué punto te chocó el tema de la fama a esa edad?

Una de las cosas que más me marcó entonces fue precisamente ese tema. Todavía me acuerdo de lo difícil que era salir a la calle y la locura que despertaba todo aquello. Era verdaderamente incómodo, pero me sirvió para asimilar las cosas que vendrían después.

“Blanco y negro, no” fue un hito en su momento, ¿cómo fue participar en un proyecto que no envejece después de varias décadas?

Fue bien duro, porque estábamos en pleno período especial y había un hambre del carajo. Yo tenía que recorrer alrededor de 20 kilómetros desde mi preuniversitario hasta el FOCSA, que era donde nos reuníamos para las filmaciones. Me puse muy flaco y tomaba mucha agua con azúcar para no desmayarme, aunque un par de veces sí me “fui del aire” en medio de un parlamento. En ocasiones nos robábamos la comida de las escenas.

No obstante, trabajamos con tremenda profesionalidad y respeto por lo que hacíamos. Nos divertimos enormemente y yo hacía un personaje distinto a todo lo que había tocado. Tuve que familiarizarme con la música rock, algo que logré gracias a Roberto, el actor que hacía de Tito, quien sí era un fan conocedor del género.

En B&NN aterricé de casualidad. Yo estaba temporalmente en un pre del Vedado y fueron allí a hacer el casting para la serie. Me vieron y cuando recordaron mi participación en Campeones, decidieron sumarme a la historia.

La preparación fue muy intensa y larga, pues sólo para decidir quién haría cada personaje de los jóvenes, nos tuvieron aproximadamente un mes probando diferentes variantes. Luego, cuando hicieron la selección, fuimos a conocer al resto de los actores, de los cuales aprendimos muchísimo lo que era disciplina, consagración, concentración, interpretación de los guiones y algunas cosas más.

Después de tanto tiempo uno ve la serie y nota que los menos experimentados estábamos bien, o sea, que no desentonábamos, porque se nos cuidó mucho a todos y se nos tuvo confianza para improvisar y tener otro tipo de libertades que, en resumen, nos dieron una tranquilidad especial.

Creo que la clave en la vigencia de B&N está en que siguen existiendo hoy los mismos conflictos de antes. La temática juvenil, la de los profesores, las diferencias generacionales, los padres divorciados… esas son y serán aún cosas de todos los días en la vida de muchas personas.

Del elenco sólo puedo hablar cosas buenas. Compartir con Laura de la Uz, quien ya acumulaba bastantes “horas de vuelo” en escena, fue algo que me impresionaba a diario. También estaban Luis Alberto Casanova, Coralita Veloz y Raúl Eguren, cada uno de los cuales me aportó en algún sentido.

¿Después de B&NN qué vino en tu vida?

En esa época yo no pensaba en la universidad, pues en la etapa que sucedió a Blanco… estaba concentrado en hacer las pruebas del Instituto Superior de Arte (ISA). Trabajé en algunos Día y Noche antes de presentarme a las pruebas de aptitud, en las que finalmente no logré mi objetivo.

Entonces existía una división marcada entre la televisión y el teatro, y los que veníamos de la pantalla éramos frecuentemente rechazados a la hora de entrar a la escuela. El problema es que ahí buscaban gente que no fuera conocida, y eso nos perjudicaba a mí y a otros colegas. Hice mi examen, y aunque estoy consciente de que no fue perfecto, siempre he creído que aquel sesgo pudo haber influido en que no calificara para el ISA.

 

Pasado eso, y siguiendo el acertado consejo de mi mamá, empecé en la Universidad de la Habana y me gradué de Economía, profesión que jamás he ejercido. La cosa es que, a pesar de todos los contratiempos, desde ese momento he tenido la suerte de estar vinculado siempre a la televisión en diferentes roles.

¿Dónde seguiste tu carrera luego de irte de Cuba?

En 2002 tomé la decisión de marcharme a Colombia, donde desde hacía tiempo residían mis padres. Allá pude comenzar a impartir clases de actuación en la academia Estudio de Actores, importante institución radicada en la ciudad de Cali.

Fue un cambio grande, porque a pesar de que me fui de mi país con algunas experiencias, todo eso casi se borró cuando llegué al extranjero, un lugar en el que no tenían ni idea de quién yo era. Pese a ello, empezar de cero es bueno, porque te enseña a adaptarte a nuevos ambientes y te aporta sobre todo como ser humano.

Después de dos años en tierra colombiana me mudé a Estados Unidos y, tras aproximadamente seis meses de trabajos pequeños en telenovelas, me llegó la oportunidad de ser parte de un programa que, curiosamente, también empezaba a abrirse camino: Caso Cerrado, con la doctora Ana María Polo.

La experiencia de Caso Cerrado estuvo un poco alejada de tu zona de confort ¿Cómo asumiste ese reto?

Tengo que decir que a pesar de no formarme académicamente como profesional de la actuación, sí tengo que agradecer las clases de Raúl Eguren y Pedro Ángel Vera, dos profesores que lideraron un curso excelente de actuación y producción organizado por el ICRT. A ellos dos les estaré agradecido por el resto de mi vida, pues a partir de sus enseñanzas —una más teatral y la otra más centrada en el método— pude cumplir exitosamente mi rol en Caso Cerrado.

En ese show estuve durante 16 años como productor creativo o, lo que es lo mismo, el encargado de darle forma al contenido que usaríamos y, además, de hacer algo parecido a la dirección de actores con las personas que salen en escena, pues en la mayoría de los casos era gente que contratábamos para representar situaciones cuyos reales protagonistas no quieren o no pueden aparecen en cámara.

Todo ese trabajo junto a Ana María fue un aprendizaje constante. Otro elemento que me aportó muchísimo fue el de interactuar con tantas nacionalidades diferentes, pues cada una tiene distintas características y formas de actuar, y uno debe moverse con soltura de manera que el show termine siendo un resultado favorable.

Además, te digo que Caso Cerrado todavía no llega a su punto final, pues actualmente tenemos muchos episodios que están guardados y serán transmitidos pronto. También se está haciendo la película y luego los programas pasarán al streaming, así que esperamos estar de vuelta para el año que viene.

¿Qué te mantiene ocupado ahora mismo?

Estoy produciendo y dirigiendo un largometraje a priori muy controversial, enfocado en narrar la realidad cubana de ahora mismo, en tono de comedia satírica. No tengo demasiados detalles en este instante, pues aún nos encontramos en la parte de pre-producción y trabajo de mesa, pero tan pronto le demos forma, sabrán por dónde vienen “los tiros”.

Tomado de: CubaLite

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